20
Ene
2024
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Masajes integradores

Los masajes terapéuticos, desde el shiatsu hasta la quiropraxia, tienen claramente definida su función. Hay una voluntad de sanar que recae sobre el profesional y una demanda de los clientes aquejados de algún mal, dolor, contractura, etc. También es cierto que la relación nunca se establece entre iguales pues hay unos honorarios de por medio, un tiempo establecido y una distancia profesional adecuada. 

Nada que decir al respecto salvo que, en el camino, nos hemos dejado otra dimensión de los masajes mucho más cercana e íntima. Con la especialización de todas las áreas de relación nos hemos olvidado del puro placer de recibir por intercambio natural un masaje.

Los masajes integrativos tienen otras muchas funciones que a menudo pasan desapercibidas:

el intercambio: que funciona sin profesionalidad ni precio. Es una relación solícita donde yo te doy y tú me das, de todo corazón.

comunicación no verbal: descargados del exceso de comunicación verbal, los masajes sensitivos e integradores nos llevan a un plano sensitivo, otra comunicación más cercana en la cual el cuerpo “no miente” pues expresa lo que es.

sensibilización: evidentemente el toque, el contacto lleva a una mayor conciencia y sensibilización del cuerpo. Pero esto no lo sentimos como gratuito pues la sensibilización es el alimento del cuerpo para encontrar con más facilidad su propia reacción de equilibrio.

observación y conciencia corporal: el otro funciona casi siempre como un buen espejo. Su estructura corporal y sus tensiones o estado relajado nos lleva a percibir como un efecto boumerang nuestro propio cuerpo.

aceptación del cuerpo: no sólo el contacto sino también el desnudo nos lleva a la posibilidad de aceptar nuestras realidades. Una mano que se posa con respeto y cariño sobre nuestras zonas no aceptadas es un bálsamo para curar cualquier “herida”.

camino del placer: desde una sociedad represora con el cuerpo y una religión culpabilizadora del placer, los masajes son una vía de retomar la dimensión placentera de la vida. 

comprensión del dolor:  aunque también, según qué masajes, nos ayudan a comprender el proceso de dolor en el cuerpo, no visto como destructivo sino liberalizador.

Integración: es claro que uno de los problemas del ser modernos en nuestras sociedades es el de una profunda escisión entre su cuerpo, lo que siente y lo que piensa o debe. Bajar al cuerpo y a las sensaciones, hacerse uno con el cuerpo y comprender que no podemos ir contra la naturaleza sin pagar un precio bastante alto.

juego: fue con el cuerpo con el que empezamos a jugar. En él reside una memoria básica de aprendizaje y una gran vitalidad. A través de gran cantidad de juegos de masajes volvemos sobre esa dimensión lúdica que tanto permite sanarnos.

relación sexual:  hay masajes como el sensitivo que nos ayudan en nuestra relación sexual pues hacen de preludio, rompen las prisas y las inercias y se adaptan a un ritmo más calmado y placentero.

ternura y afecto:  sobre todo para el mundo masculino que no encuentra vías para expresar esa ternura y afecto que siente. Delante del cuerpo de otro, en su vulnerabilidad y desnudez, nos sale esa parte cálida y tierna.

control/descontrol:  también hay masajes que posibilitan dejar a un lado el control que se ceba en el cuello, el vientre o la pelvis, y abri esos canales energétivos.

relajación: los masajes integradores funcionan también como terapias antiestrés, como bálsamos del cuerpo en un aprendizaje a saber relajarse aun en situaciones cotidianas comprometidas.

Julián Peragón

 

Foto de Ale Romo en Unsplash

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